19.8.13

Un minuto es bueno, el siguiente no.

Ya no quiero describir cómo me siento, cómo se siente pasar de la euforia a la tristeza extrema. Cómo se siente somatizar todos los malos momentos de mi vida. Un minuto es bueno, el siguiente no. Si diciendo que estoy bien, pudiera estar al menos un poco mejor, lo diría a diario, lo repetiría, lo gritaría sin parar. 

Antes me curabas con tu voz, me dabas paliativos de amor falso que me satisfacían, mis placebos favoritos. Después dejaste de estar y yo encontré otra adicción, y ahora nada me calma, nada me alivia.

Sigo pensando que esto es el karma que tanto niego. Esto es el pago por todo lo malo que hice y sigo haciendo. Esto, exactamente.

Si mañana las pastillas funcionaran, si pudiera escribir una canción, si mi ansiedad no me llevara al borde, si tú me hicieras menos daño, si no te amara tanto, si no tuviera tanto miedo.

Un minuto es bueno, el siguiente no; y todo está lleno de cosas que no quiero ver, hacer, pensar, sentir. Un minuto es bueno y vivo feliz, sonrío por las calles, canto a voz en cuello, te hablo suavemente. El siguiente no: y lloro en las esquinas, lastimo mi piel, exploto mi estómago, escupo fuego y quiero morir.

Mi reloj tiene demasiado tiempo, estoy cansada. Un minuto es bueno y el que sigue, no; y ese dura tanto que no puedo respirar.

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