17.2.14

Hace dos días pasé por el arco en el que solías esconderte mientras te esperaba. Qué terrible es ver cómo pasa el tiempo. Te estás perdiendo todos estos cambios. No. Me retracto. Has ganado no verlos, te has hecho merecedor a no conocer en absoluto las diferencias que se han marcado en esta vida, desde las minúsculas como el cambio de color de la fachada de la casa grande o las otras, las que duelen, las que no se ven pero están, y pesan.

Las promesas se van, las personas se van. Daría días de mi vida para que algunos recuerdos se vayan, para poder pasar por ese arco sin que mi respiración se agite y mi corazón haga un ruido que ensordece mis pasos. 

Nada de lo que dijiste era verdad y a pesar de eso yo te creía, te quería creer. Ya sabía que te irías, sabía que era mentira que no podrías vivir sin mí, sabía que yo no era lo mejor de tu vida, y a pesar de todo, aposté por tus palabras y me dejé llevar. Era un pez en tu mar, tu eras la infinidad que yo rogaba por tener y necesitaba creer que de verdad me querías casi de la misma forma.

Sueño con tu voz, busco desesperada tus palabras escondidas en cajones que sellé para evitarme el dolor de confirmar que no eres más parte de estos días, pero no puedo evitar en días como hoy decirte todo esto.


Estoy esperando tu respuesta.

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