22.6.14

-

Cuando a veces voy por la calle y veo a alguien con algún rasgo que me recuerde a ti, te invento en ellos, te imagino en cada una de esas personas. Un hombre con frente amplia, otro con barba rala, otro con un gabán, otro con lentes en este invierno, uno en un auto azul. Me creo el cuento de que cada uno de ellos eres tú. Busco tu mirada, me tiemblan las piernas, soy correspondida, rompo en llanto. 
Tantas veces te he recreado en otros hombres que el día de hoy, casi no recuerdo tu rostro solo al decir tu nombre. Ahora te confundo con aquel sujeto que ayer, pensando que yo tenía interés en él, me siguió casi una cuadra. Tonto, si supiera que él no es él, sino tú, ¿no es así? Tú eres todos los hombres que yo veo, aunque no los quiera ver.

Cierro los ojos y trato de recordar detalladamente tu rostro, las entradas ligeras que bordeaban tus sienes, tus labios pequeños y alargados, tu aliento mezclado con aroma a cigarrillos. Tus manos. Tu espíritu.

No creas que no he pensado que las cosas podrían ir peor, pero después de probarme tantas veces que tú no estás y que no eres ni serás nadie más, así ruegue, empiezo a temer que el fondo me tocó, me absorbió y me está desintegrando.





No hay comentarios: