29.7.14

If you call me...

Doce tazas de café en seis horas, dos cajetillas de cigarros en medio día. Tres millones de pensamientos por minuto y todos tienen que ver contigo. Veinte mensajes enviados, la mitad sin respuesta. La vida entera pretendiendo que nada de esto me va a afectar.

Quiero ser sincera y decirte que no sé lo que me pasa, que no sé si quiero que me ames, si quiero amarte, si no necesito nada más que tu atención o si este es otro de esos temas que sé que no debo tocar, pero tengo que ir detrás, porque sé que no, porque no.

Mi día es gris hasta que te veo, hasta que te huelo, hasta que me pones un dedo encima y los otros abajo. Hasta que me lames la piel, hasta que enredas mi cabello y tiras de él. Y luego te vas, porque vives escapando, porque me llevas a escondidas y me escondes y me obligas a esconder todo lo que puedo hacerte, toda la magia que puedo te dar, que te quiero dar para luego quitártela, para que me ruegues por más.

Podría armar metáforas infinitas del placer, de la adrenalina que se dispara por tu cuerpo y me atraviesa, de la necesidad con la que recurro a ti, de la tristeza que siento cuando no respondes, de estas letras tontas que no saben ni ordenarse para que gustes de ellas, pero prefiero acurrucarme fingiendo que no estás doliéndome y que mañana no me acordaré de ti.







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