17.8.14

La comida tiene la culpa.

Se me acaban los cigarrillos y empiezo a morderme los labios, las yemas de los dedos, los recuerdos que dejas en la piel con toda la intención de que los busque en estos momentos de angustia.

No sabes qué quieres pero a veces parece que me quisieras a mí, a veces parece que me quieres más que a ella, que me necesitas, que me deseas más. Otras veces parece que se te acaba la pasión, no me buscas, no me tocas, no me miras. Y yo empiezo a deshacerme, bulimia de ideas, muerte súbita de mi ánimo.

Cada vez que insinúas que esto acabará pronto, pongo música de fondo y no te escucho. Te miro, miro los relojes, miro los semáforos, pienso "si alguien cruza esa puerta en tres segundos, esto no se acabará"; juego con todos los escenarios, lloro por dentro hasta descifrar la forma de seducirte otra vez. Y cuando la encuentro y vuelves a tocarme por debajo de la mesa, yo vuelvo a sonreír y vuelvo a creer que tengo el poder y el control, me siento el arma de doble filo de la que te debes cuidar, porque a mí nadie me rompe el corazón.


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