3.1.15

In my place

Hay mañanas en las que me despierto llena de angustia, no sé bien si pasó lo que pasó, si estuviste aquí. No diferencio los sueños de la realidad, el pasado, el presente. Las marcas de mi piel me cuentan una historia pero la ausencia total de los personajes, la desdice. 

Este año, también esperé por ti, esperé por un mensaje, una llamada, un signo de que exististe, de que me amaste tanto que tuviste que odiarme para dejarme ir, esperé que llegaras de cualquier forma, en cualquier medio, esperé porque necesitaba creer que olvidar es bueno y que así como mi mente me juega malas pasadas, tu mente, quizás, quizás, quizás, decidió evadir mis crisis, mis llantos, mis amenazas; todo lo que quisiera negar, y hacer que vengas por mí, perdonarnos, empezar de cero.

Te esperé tanto que casi me olvidé de lo que estaba haciendo. Me concentré en pensar en ti, como cuando antes, te pensaba y automáticamente aparecías, eras tú, ¡eras real! ¿Por qué ya no quieres venir?

Por varios días, abandoné todo a mi alrededor, me juré que si unía todas mis fuerzas, tú volverías. Me miraba al espejo casi sin poder respirar, cerraba los ojos y decía tu nombre, como un mantra. Lo repetía mil veces, secaba mis labios, pasé noches sin dormir, días sin comer, cada cigarrillo tenía un gesto tuyo, el resto era silencio que se iba como agua entre los dedos.


Y a pesar de todo, hasta ahora no has llamado, no has escrito.



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