24.3.15

High

Llevo horas sentada frente a la pantalla, limpiándome los ojos encapotados sobre sí mismos de tanto llorar. Hace veintidós minutos te he dicho que necesito hablar con alguien, podría hablar con quien sea y recibiré respuesta pero quiero hablar contigo. Y claramente, no me respondes.

Millones de pensamientos pasan por mi cabeza en distintas direcciones. Pienso que necesito un cigarrillo, pienso en qué será de mí si salto por la ventana, pienso en que hace dos días, sentada en la tina abrazando mis piernas miraba el humo de marihuana recién exhalado fundirse con las losetas rojas del baño y ahí también estaba pensando en ti.

Miro mi teléfono impacientemente, estoy esperándote, hace un día me pedías que despierte para poder contarme tus cosas cotidianas como si fuera un diario o menos que eso. Soy tu cubículo receptor de lo que sea que te sobre. A veces parece que me necesitas, parece que estás tan solo como yo, pero no, porque yo siempre estoy a diferencia de ti, yo no te abandoné.

Lloro y golpeo las paredes, he repetido esta canción la misma cantidad de veces que he jurado que no te hablaré más, acto seguido, vuelvo a llorar esperando que sientas algo dentro que te haga volver, buscarme. Estoy sola, estoy temblando. Me cuesta hilar las palabras y tengo tanto miedo que prefiero seguir escribiendo sin sentido a levantarme de aquí y encontrar, por ejemplo, las pastillas que dejé de tomar porque creía que estaba lista para volver a la vida real.  Y no.

Siento que nunca más podré dormir, que eventualmente mi cerebro encontrará el botón de Reset y finalmente todo habrá acabado. O me habré terminado de hundir en este infierno. Finalmente ¿Qué puede ser peor que esto?

Tengo una hemorragia de palabras cayendo por mi nariz, quisiera que corran por mis manos hasta aquí pero no puedo entenderme, no consigo sensatez, me duele todo y todo eres tú. Y lo peor es que sé que no eres tú, sino esa estúpida idea que armé de ti meses atrás y que te vienes encargando de empañar con cada acto magistral de desprecio o aborrecimiento. La ensucias ¿entiendes? Pero no te la llevas. La idea de un tú perfecto sigue rebotando en mi cerebro, en mis manos, en mi sexo. Todo se confabula y pienso en tocarme pensando en ti y pienso luego en tu voz preguntándome soberbio en quién pensaba al tocarme. Y yo te mentiría, definitivamente. Cree a partir de aquí lo que quieras.

Busco en un par de personas la distracción necesaria para pasar la noche, la música me llena los oídos y siento que podría desmayarme aquí mismo pero no pasa. ¿Existo de verdad? 

Cambio la canción porque siento que el aire se me acaba con cada palabra en francés que nunca escucharás, armo delicadamente un porro sabor a fresa y pienso en ti, pienso que hay dos razones por las que no estás presente. O estás dormido o estás muerto. Ninguna de las anteriores, estás con ella o en ella. Si sabes entender, no necesitas explicación.

Quisiera poder olvidarme de todo, poder acabarte, fumarte hasta el último borde y sacarte de mi vida con fuerza, expulsarte desde mis pulmones hasta mis labios y que te hagas humo bailando en los bordes de las losetas de la casa hasta que te largues de una maldita vez y nunca, nunca más regreses a mí.

Pero hablamos de drogas y tú eres la más adictiva. Tú, o la idea de ti o lo que sea, no puedo dejar de ingerirte.






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