15.5.15

kush

Te he negado tres veces, conjugando los tres tiempos, después de las lágrimas incontables que me permití derramar frente al espejo pensando que a ti no te gusta verme llorar. Deseaba que tú estés delante mío, que no sea el espejo el que me mire, que veas que sufría y que te duela, si algo te duele.

Te he negado pero, no existes, puedo traducir mi pensamiento en matemáticas y decir que, entonces: eres.

Él me pregunta por ti, volteo hacia donde estás y  te hago señales de humo pero a duras penas me ves y, a pesar de eso, no me miras. 

Invento medios para hablarte, creo idiomas que te interesan dos segundos y luego los adoptas y los olvidas, ¿quién te crees que eres para dejarme así? Un conjunto nulo de posibilidades, vacío de toda esperanza.

Soy una equivocación potenciada al infinito tratando de equilibrar los decimales de tu atención con la raíz cuadrada de mis deseos. Y no.

Y como siempre, vengo aquí a creer que algún día tú  leerás esto (y todos los demás, también); tratando de encontrarle el resultado a la suma de todas las cosas que no quiero sentir.


Y no.



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