4.5.15

L

Quisiera que sea de esos días en los que realmente me alegro de los logros ajenos, en los que lanzo bendiciones y abrazo a los demás sintiéndolo de verdad, sonriendo, mostrando mi espíritu a través de mis grandes dientes, pero no.

No me alegro de nada, todo en mí en este momento es superficial, ayudado por la materia externa que acompaña mis noches (días, tardes, madrugadas). Sonrío pensando que nadie notará que se me llenan los ojos de agua y pienso que no quiero estar aquí, que no quiero que me toquen, no quiero que me miren. No me mires, no te gustaré, deja de buscarme, no tengo nada que te atrape y sabiendo eso, tengo suficiente para querer huir hasta no volverte a ver.

¿Es verdad que todos pasan por esto? Que realmente no tengo que matarme pensando que mi cerebro no es aceptado en esta ciudad, no lo creo. Lo que creo, es que he formado una barrera que hace que yo lo crea, pero lo que realmente pasa es que yo no acepto nada aquí, ni las calles, ni a la gente, ni a ti que te crees un súper humano en esta ciudad de mierda en la que tampoco quieres estar pero no te atreves a irte porque no te atreves a nada, menos a admitirme.

Entonces, como siempre, vomito más que palabras y le digo a todo el mundo que estoy curada, que es solo un pequeño momento en el que recaigo y que mi doctor dice que lo más importante es salir de estos deslices pero en el fondo él y yo sabemos que tengo más pasado que futuro y que esta ciudad minúscula y ridícula es demasiado grande para mis ansias y como él dice "si tuviera las mismas ganas de morir que de vivir, sería diferente". 

Pero quién sabe, ¿no?

Tú no quieres saber y yo me muero de ganas de que sepas que me muero por ti, que me muero porque mueras por mí y quizás ahí deje de quererte y me vaya al fin sintiendo mis logros, alegrándome por mí, porque aún soy yo esa niña perdida a quien alguna vez alguien le escribía palabras de amor, las más simples, las más dulces, las más íntimas.

Soy yo y me estoy muriendo y nadie nota que mis brazos se caen a pedazos en cada apretón involuntario.



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