7.7.15

No sé si él no lo supo explicar, pero
lo intente o no lo intente
no lo entiendo.




Te sientas en el mismo lugar al que llegas siempre que quieres evitar algo de lo que te arrepentirás. Buscas una fecha que late en las yemas de tus dedos sin saber por qué. La encuentras, respiras cada vez más rápido y sientes que el llanto ocupa más espacio que las ganas.

Te habla de algo, te pide que vayas hacia él, dices que no porque en ese momento estás pensando en alguien más. Él no lo sabe pero crees que lo sospecha, te busca incesante, tienes esa sensación cercana al desprecio pero mezclada con ansiedad. Lo único que esperas es que alguien más te encuentre y eso también podría pasar.

¿Cómo terminará todo esto? pregunta fingiendo esa declarada ebriedad que le garantiza, según él, impunidad ante lo que sea que escriba. Con una genuina inocencia contestas preguntando si se refiere a la vida. Él, totalmente incrédulo de ti, te confirma que habla de ustedes, de él y de ti, porque como diría Poldy Bird: "Qué bella palabra si nos encerrara a ti y a mí", pero no. 

Y meses después, increíblemente sigues persiguiendo sombras chinescas en los peldaños vulgares de la necesidad y no sabes qué hacer cuándo él te dice que se acabó.

Porque luego te dice que no puede y tú te llenas la imaginación de rulos y crees que todo está bien, que estamos bien, tú y yo, él y tú. 

Y luego dejas que el humo te golpee, te miras al espejo con los ojos caídos y te das cuenta que quizás lo que quiso decir está lejos de la acción plena de alejarse, y no mas bien de la imposibilidad de comunicarlo, de hacértelo saber mirándote a los ojos.


Después andarán diciendo que perdiste el brillo y tú no entiendes, lo intentes o no.

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