24.7.15

They say I'm plump, but I throw up all the time. I'm eating you, I'm overfed.

Él me pregunta por ti de la misma forma en la que tú lo hacías. Pausa las palabras, las mide para no equivocarse, como quien tiene que elegir el cable rojo o el cable azul para salvar la vida de muchas personas secuestradas en una bóveda.

Él lo pregunta por orgullo, para alimentar su ego, para sentirse superior a ti. Tú lo preguntabas por miedo, no porque no te supieras hermoso, sino porque no querías que nada me distraiga de ti, no querías que haya un ápice de algo que pueda quitarme tu fiebre. Incluso, lleno de celos que no sé de dónde salían, me pedías que te jure que era mentira.

Y lo hacía.


He vomitado durante toda la semana. Le cuento a mi doctor de ti, de él, de mi inseguridad ante todo en la vida, del miedo que te vayas. Tú, y todos los demás, también. 

El estado actual de desvarío me complace, me separa del asco de sentir mi piel, me desvincula de los tantos otros pensamientos que, ayudados por las sustancias en mi cuerpo, se confunden entre sí, bailan una canción que invento y olvido y me alegra hacerlo porque sé que no deseo cantártela al oído.

Tú desesperas, me buscas por la noche, susurras al filo de una cama en la que ruegas estar. Él solo lo hace cuando cree que me alejo. Y por supuesto que no, no eres una carnada. Tu juventud, tu rebeldía, tu belleza. No me estoy sirviendo de ti como un imán para él. 

Finalmente la noche, finalmente la verdad. La casa llena de humo que me protege, me salva del deseo de la santa muerte, me oculta. No están ni tú ni él y, por favor; sírvanse en el orden que quieran. Dejo que la música se lleve lo poco que queda de la sensación de desprecio, de la frustración. Me rompe los espejos y de los vidrios rotos saltan mariposas que no me dañan, nada me daña. 

Quisiera que me veas, quisiera que me pienses. Que regreses como todas esas veces: herido y suplicante. Y yo estaría.

                                    ¿Estaría?


Quizás solo estoy aquí escribiendo sobre ustedes, pensando que así limpio mi alma, metiéndome los dedos hasta lo más profundo de la garganta e inundando la casa de letras e inmundicia ininteligible y doliente, saboreando el regreso de cada recuerdo desde el centro de la pena que me inflama los ojos y me hace latir el corazón rápido, al borde del infarto. Todo regresa por el conducto inicial, me pasea por la nariz, por la comisura de la boca, se me enreda en el cabello y siento repugnancia pero no me detengo. Podría hacerlo por el resto de la vida. 

Porque luego me maquillo un poco, me calzo en mis pobres zapatitos de tacón y escapo fingiendo que soy alguien que no soy, alguien que controla los demonios que habitan en cada hebra que me cuelga de la cabeza y que no busca intencionalmente llenarse para poder estar aquí, desperdiciando la vida.





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