12.8.15

H

Hoy hace cuatro días que no me contestas. He intentado todo lo que dije que no intentaría para tratar de encontrarte y sigo aquí, aún más perdida.

Te fuiste susurrando que te ibas al otro lado del mar y que si lo tocaba a él, te tocaba a ti. Dibujaste en mi espalda con las yemas de tus dedos y cenizas y saliva, y me leías tus cuentos y yo podía simplemente dejarme existir por ti, por cada palabra, por cada sonrisa cubierta por la barba que seguro cubría algo más.

Vuelvo a ser una niña chiquita, me reduzco al rostro que debe tener la necesidad y rezo en todos los credos para que al fin quieras dejar de ser un personaje y te vuelvas real y aceptes que somos más que una historia inventada en el calor y el ruido. 

De pronto es de aquel tiempo en el que decides ya no sentir nada por mí, te alejas, encrudeces tus respuestas o las anulas. Miras sin mirar y conviertes todo el universo en hielo que se quiebra bajo mis zapatitos de tacón. No entiendo bien, el aire frío y seco se me mete en los pulmones y me quiebra por dentro. Mi corazón, mi corazón.

Todo lo que conocía hasta este momento se hace polvo de escarcha y no me sirve inhalarlo, no me llena, no me construye. Te voy a servir mañana, cuando regreses y me encuentres en pedazos regada por la casa en la que me haces el amor y me haces el odio; te voy a servir para que tu alma de buen samaritano se regocije ante los demás diciendo que me salvaste, que no me puedes dejar en este estado. Te voy a servir cuando quieras escribir otra historia de amor en la espalda de alguien más. Cuando quieras mañana gastar tus ganas en mi cama, en la cocina, en la sala chiquita en la que bailamos por la noche canciones en francés, ebrios de vida, de ganas de no morir.

Y cuando ya no te sirva, otra vez, volverás a dejarme y yo volveré a escribirte esto.

No hay comentarios: