16.9.15

Trece días sin llorar

Él llegó a casa.

Días antes, lloré porque era la última oportunidad que te estaba dando y en realidad, ya ni quería hacerlo. Dijiste un par de cosas bonitas y yo aceptaba todos los sucesos que vienen con el hecho de que creas que eres algo que no.

Él no me llevó a comer, cocinó toda una semana para mí en la intimidad de su casa, me ofreció vino y café, y me habló mirándome a los ojos de cien mil cosas diferentes y escuchó paciente todo lo que yo tenía para decir.

Hasta que me distrajo de la protección con la que lo traté y cambió el vino y el café por besos y fotos, y yo aceptaba todos los sucesos que vendrían con cambiar tu poca atención por la abrumadora forma que tiene él de estar presente.

Sin embargo, hice cosas peores: Pensé en alguien más, lo llamé con los recuerdos y cuando estuvo frente a mí, lo convencí con tres sonrisas y un roce de manos frías y torpes. Caminamos por las mismas calles llenas de nuestro humo mientras dejábamos que nos abrace y nos caliente.

Hoy lloré, porque después de soñar con alguien más, me ha escrito otra vez. Ha dicho mi nombre en su voz suave y me ha confirmado que nunca se fue, que siempre estuvo esperando volver y siento tanto miedo. En este punto, no sé si deba aceptar todos los sucesos que vienen con no saber a quién voy a extrañar o a quién voy a extrañar más.



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