26.10.15

Dios no se equivoca. No es impreciso que octubre sea un mes tan doloroso, que haya una seguidilla de recuerdos que parece que no se desvanecen ni con el humo más fuerte.

Y tú: llegando tarde a mi vida un octubre recién nacido. Infante con barbas de hierba, amor chiquito que ya no quiere doler.

Al despertarme en tu día, deseé que recuerdes cada palabra que me dijiste, que te sangre la nariz cada que se las digas a alguien más, que nunca pero nunca puedas disfrutar de una boca como disfrutaste de la mía hasta secarla. Que tus mañanas tengan mi aroma, que tus noches tengan mi llanto, que tu sexo tenga mi nombre.

Luego retiré lo deseado, porque no te mereces cargar mi cruz, porque diste lo que pudiste dar y yo con eso me conformo, con eso tengo suficiente para recordarte a diario, hasta que ya no quede ni un poquito de ti y sea libre.




Como decir que me partes en mil
la esquinita de mis huesos
que han caído los esquemas de mi vida
ahora que todo era perfecto.
Y algo más que eso
me absorbiste el seso y me desciende el peso
de este cuerpecito mío
que se ha convertido en río.
Me cuesta abrir los ojos
y lo hago poco a poco
no sea que aún te encuentres cerca
Me guardo tu recuerdo como el mejor secreto
qué dulce fue tenerte dentro...

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