2.10.15

Hoy soñé contigo, desperté y seguía pensando en ti. El tiempo no pasa cuando se trata de tu nombre. No quiero volver a pensar en ti, me digo, y nada funciona. Siempre regresas, así sea tan distante que no pueda reconocerte, siempre vuelves.

Quisiera estar muerta, en una pausa que me permita no tener tanto dolor, tanta pena y sobre todo: tanta carga.

Lejos de alegrarme por estar viva y tomar cada día como una nueva oportunidad, me arrepiento de nunca haber ido más lejos, de no haberme lanzado de ese edificio cuando te llamé y te amenacé con que tendrías que recordar por el resto de tus días que yo me moría por ti. Y tú, tan frío, tan centrado, tan perfecto, ni siquiera te inmutaste con mi llanto. Y yo, no me atreví a poner el otro pie fuera del suelo.

He desperdiciado cada maravillosa oportunidad de la vida porque siempre sentí que no me serviría de nada y aquí estoy, deseando retroceder el tiempo para poder hacerte conocer con más dolor, el dolor que tú me hiciste conocer a mí. 


Nada tiene sentido y nada nunca lo tendrá.


Empezando por el hecho que aún hoy te extraño.

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