28.11.15

Cartas de tarot leídas de atrás a adelante

La última vez que te despediste parecías realmente segura. Enumeraste una lista nada pobre de todas las cosas por las que jamás regresarías. Borraste sus registros, sus conversaciones, sus redes sociales, las fotos, las fotos que tomaste sin ser notada, dibujaste un par de veces más su rostro mientras repasabas cada minuto juntos para implantar sugerencias de tu imaginación y tengamos un drama mejor.

Los primeros días era un martirio tenerte al lado, temblabas con el teléfono entre tus manos, revisabas actualizaciones cada diez segundos, respirabas fuerte cuando veías que estuvo en línea y ni siquiera te habló, ni siquiera te saludó. ¿Qué clase de persona es? ¿Qué demonios busca de mí? ¿De verdad no me extraña ni un poco?

Como si no te hubiese pasado mil veces antes, cuando empezaste a aceptar que ya no había más que esperar de eso, regresó.

Apareció como si nada hubiese sucedido, tomaron un café y te callaste otra vez todo lo que te había ahogado en llanto días atrás. Te sonrió y volviste a sentir que no sabes por qué, maldita sea, quieres mirar diez mil horas más el mismo paisaje. Volvieron a acostarse juntos, a revolcarse, te dijo que te extraña tantas veces como nunca antes y durmieron sin pensar en nada. 

Hay algo que no te deja irte y es lo mismo de siempre, Eme, tú lo sabes. Te quedas porque crees que pronto descubrirás eso que te permita voltearle el pastel y ejercer tu papel de cenicienta lastimada por la vida, abandonada una vez más a merced de su tristeza. Podrás escribir dos o tres entradas más en tu blog y dibujar su rostro otro par de veces mientras reniegas de ti misma y empiezas a sentirte peor y a buscar quién podría reemplazar su lugar.

Y volver a pasar por todo.


No hay comentarios: