29.12.15

No tengo una etiqueta para ti

Me sorprende cada reacción. Lo veo hacer bromas y no puedo creer que esté pasando. Junta los labios para fumar desde mis dedos mientras maneja y suelta el volante, canta, baila. Me sorprende. 
Toma el volante y me recrimina lo que acaba de pasar, me hace prometer siempre que no debemos volver a hacerlo y su voz suena tan rítmica y a la vez lúdica. Sospecho algo y lo miro a los ojos. Me sorprende.

Mago haciendo trucos con mis dedos, subiendo por mis piernas, hundiéndose en mis muslos, imprime risas, dos, tres más. Me muerde, me sorprende, sus hechizos son irresistibles. He pensado tanto en esto que ayer no parece solo un día atrás, siento que el aire no se filtra más en mis pulmones, sino tu aroma, siento que las calles se despistan automáticamente cuando estoy sola, y cuando estoy contigo a veces tengo miedo, ya nadie más que tú me mira así. 


Me sorprende, sigue aquí, es otro día y no se ha ido. Las paredes tienen nuevos colores, la sala está llena de luz y los cuadros cuelgan ordenados coincidiendo con los instrumentos musicales llenos de olor a marihuana y a cuerpos vivos, y a yo y él.



Todo lo que digo se olvida, todo lo que me digo de ti, hablándonos todos en una tercera persona que no existe y, que dios se encargue de saber si existes tú. Yo seguiré callando lo que sé y escribiendo lo poco que me quede después de saborear tu corazón.

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