27.12.15

Tragedia de muñeca rota.

A medida que pasa el tiempo todo se va deteriorando. Evidentemente. Ya no tengo ánimos para salir a festejar cuatro días seguidos mi cumpleaños, empalmarlo con el de mi mejor amiga en esos tiempos y amanecer en alguna cafetería de mala muerte tomando té con lentes oscuros puestos dentro del lugar, como tú, que preferías no ver los colores de la realidad. Como tú, que este año tampoco escribiste. He desaparecido. Increíblemente no existo más. Y no te confundas, este ha sido el mejor año de mi vida y no lo he querido decir en voz alta porque la verdad es que me muero de miedo, siento que apenas lo admita se desarrollarán en mí diez mil septicemias irremediables y me consumiré sin tiempo de reparar errores. 
Me tiemblan las manos, la voz me dura menos cada vez, un trago se convierte en un dolor de cabeza de dos días e incluso tengo ojeras, ¿te acuerdas que me pintaba debajo de los ojos con sombra verde para que pareciera que tenía ojeras? Nadie entiende los cuentos y explicarlos me agota. Mi círculo social me deprime, llegar a casa me deprime, irme de casa me deprime, dormir a las doce y media me deprime, despertar a las cinco me deprime. Que me tiemblen las manos me aterra.

Te atrapé cuando me doblabas la edad, fue el reto más grande, cambiaste por completo mi vida. Ahora yo doblo la edad de esa pobre ilusa que creyó todo lo que le dijiste y quisiera regresar el tiempo y pedirle por favor que no se tome todo tan a pecho, que aprenda a soltar, que no cave su propia tumba. Y a ti regalarte flores y decirte que esto no tiene nada que ver contigo, que te amé tanto y que nunca jamás te odiaría, que no todo lo que soy hoy es un después de ti y asumo mis propias culpas. 

Y escribo pensando en ti porque tú encierras a todos los demás, porque cuando te hablo a ti les hablo a todos pero a nadie más le diría la verdad, con un vacío en el pecho como te la digo a ti. 

Y si quieres venir un día de estos a tomar el té con lentes oscuros mientras escondo el temblor en mis manos, solo ven, solo ven, que ya te espero sin esperar nada más. Nada más.

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