30.1.16

Qué hermoso eres.
Sí, ya sé que lo repito demasiado.
Cuando me lo dices suenas tan diferente a mí.
Te vuelves a poner esos cigarrillos horribles entre los labios de veneno y no puedo evitarlo.
Caigo.

Dos días antes no sabía que existías.
En unos días no estarás más.
Me sonríes apenas mostrando los dientes y tu barba combina mejor con todo.
Otra vez el cigarrillo, te acomodas la camisa y me miras con una ceja más arriba.
Caigo.

Susurras que me acerque.
Ligeramente juegas con mis manos.
Debiste acercarte aquel día a pedirme mi número de teléfono.
Dejarme el olor a esos cigarrillos horribles en el pelo.
Escocerme el cuello con la nariz.
No dejarme caer.



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