24.4.16

De pronto todas las cosas por las que mi ánimo se solía pervertir, pierden sentido. El humo llega con un sabor diferente, cada vez menos es cada vez más odio. Él vuelve y ya no me mueve. Él se va y todo queda como antes.

La música se repite sola, las canciones me cantan al oído los que fueron himnos de baches en el pasado. Dios juega con nuestras vidas desde una plataforma superior, nos divide, nos hace colapsar. ¿Quién más se puede divertir con tanto sufrimiento? 

Me vuelvo a sentir cansada, mis manos tiemblan, arrastro los pasos y mi cabello hace nudos en cada esquina por la que me arrastro, y ahí los dejo, marañándose porque no me importa más ahogarme en el silencio de esta casa. Vuelvo a estar cansada y tengo miedo.

Ya nada de lo que hagas me despierta. Invento demasiadas historias pero ya no pienso, al contrario, vivo lapsos de insoportable vacío. Hay un eco en el costado derecho de mi cabeza y dudo sobre cómo escribir cada palabra. 

En días así, ruego para tener la valentía de los llamados cobardes por los que realmente no se atreverían nunca a abandonar el juego, los que nunca se han vuelto locos.

Pero, estoy tan cansada que solo tengo miedo.


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