21.5.16

Siete diferencias

Muchas veces me pregunto cuál es el gran problema, dónde está ese trauma tan grande que no me permite conocer mi alma, mis verdaderos pensamientos. ¿Somos todos así? Tan tristes, tan débiles, tan llenos de mentiras que crecen y se vuelven verdades, evolucionan a un ritmo hostil que nos hace dudar de su procedencia.

No sé si tú eres así, pero mientes y mientes mucho. No sé si de verdad cuando pienso demasiado en ti es porque estás pensando en mí. No creo que alguien pueda pensar tanto en otra persona. No creo nada que no haya tocado. Todo lo que toco lo destruyo. Y posiblemente, tú también.

Decido fingir que he tomado una decisión, que puedo moverme sola y no verte nunca más a los ojos. Escribo mil veces en un cuaderno que no quiero verte más y así lo intento. Pero uno no se puede ir de sí mismo. Quiero decir, puedo irme de este lugar, puedo cerrar fuerte los ojos hasta que me quede dormida, puedo ponerle tu olor a dos o tres personas más hasta no saber quién es quien o llevar a alguien más a nuestro lugar secreto solo para poder decir que yo también te puedo hacer mierda aunque tú digas que nunca hiciste nada similar. Haga lo que haga, tú no estás ahí, no eres de metal como nuestra cama, no eres el olor que dejas en un pedacito de papel dentro de las paredes, no estás ahí. Estás aquí, conmigo, dentro de mí. Y vaya a donde vaya, voy a llevarte, al menos hasta que te pueda dejar.

Lo malo es que te has querido ir tantas veces que ahora de verdad estoy empezando a dejarte. Por pedacitos, claro. Te dejo un poquito en una oficina en la que escatimo al milímetro lo que a ti se te desborda de las manos, te dejo un poquito en la voz de niño con la que él me dice buenas noches. En sus barbas, un poquito más, junto con las tazas y tazas de café que rellenan y rellenan y se mezclan con humo de marihuana y música estridente y pieles desnudas. También te he dejado un poco en la réplica exacta de nuestro edificio, al otro lado de la calle, ¿recuerdas? Ahí. Alguien se hace un nuevo tatuaje mientras te abandono, solo un poquito.

Y, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que borremos nuestras redes sociales, que no salgamos a almorzar nunca más o nunca más nos tomemos un café? ¿Que no nos saludemos cuando nos crucemos o que nuestra comunicación pase ahora a ser por acotadísimos mensajes de texto? ¿Qué más puede pasar? ¿Que no hablemos nunca más?.




Encuentre usted los siete días de diferencia.



No hay comentarios: