7.8.16

Continuará...

Eme siempre había tenido problemas para conciliar el sueño, sin embargo, su último cambio de medicación servía al menos para evitar que recuerde las pesadillas.

Son más de las tres de la mañana y el teléfono no deja de sonar. Las canciones a veces se vuelven mantras y aunque no había desmayado en el intento de dedicarle soundtracks a oídos sordos, decidía dejar que el ringtone de su celular siga una y otra vez mientras ella encendía un cigarrillo más mirando a la ventana.

Piensa en él, piensa en todas las veces que escuchó canciones tristes y lloró pensando en él. La duda es un lugar común y los edificios de su memoria tienen oficinas prohibidas por códigos inventados en donde las postales de mujeres desnudas se esconden y solo relucen en noches de soledad.

Si Eme tuviera que elegir a alguien, te elegiría a ti. Únicamente para que él sienta más celos de los que ya siente contigo, para que se muerda los labios pensando si disfruta más de ti que de él y para probarle que no tiene ningún control sobre sí misma, pero, aquí entre nos; sabemos que es un condicional que se acerca más a la retórica, que tú tampoco la quieres y que a los dos los atrae el misterio de saber quién aguanta más bajo el agua y que todo lo que buscan es maldecir a alguien con el sello del amor, pero finalmente ¿alguno de los dos sabe qué es el amor?.









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