23.8.16

Enciendo un cigarrillo, el café de la taza a mi mano izquierda se combina perfecto con el humo y con la voz de Christina Rosenvinge que termina de inundar la sala. Pienso en cien cosas para escribir, reviso un par de redes, veo algunas fotografías y pienso en ti. 

Suena La distancia adecuada, borro más de tres veces lo que empiezo a escribir, me pregunto si realmente estoy preparada para esto, si realmente quiero ahora hacer esto. La historia es diferente, yo sé cómo empecé pero no sé cómo es que deba terminar.

Muchas veces me encontré a mí misma enumerando tus defectos para poder convencerme que no está mal que no quiera volver a ti. Ambos sabemos que hay algo que siempre falla en mi plan de huida y que tomas excelentes ventajas sobre eso. Suena Tu boca, y me sorprendo de extrañarla realmente. El nudo de mi garganta necesita tus líquidos vitales.

Suena Nadie como tú y en la primera exhalación derramo dos mares de lágrimas que me empañan la vista. Pienso que es la canción perfecta para haberla cantado en agosto del 2015 pero no recuerdo bien qué nos pasaba en ese tiempo, escondo los códigos y de verdad: nadie como tú.


Empiezo a desconfiar de mis instintos, recojo disimuladamente las palabras y las abandono donde nadie las pueda ver, escondidas quizás en una habitación con un colchón en el suelo, libros de fábulas y fotos de ella.






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