14.8.16

Eran noches muy difíciles. Usualmente nos quedábamos calladas mirando a la ventana y fumando incansablemente cigarrillos mentolados que se impregnaban en nuestros cabellos largos y de muchos colores. 
Eme siempre sonreía nerviosamente antes de llorar. Era muy extraño imaginar cuál sería su siguiente emoción, sobre todo porque cuando menos te lo esperabas, boom, allí estaba ella, explotando como un huracán. 

Ninguna de las dos podía dormir. Hansel y Gretel de la casa de los cigarrillos, nos contábamos historias sobre nuestras vidas tiradas en la alfombra llena de cenizas, en las esquinas habían vasos con colillas y sobras de ron. En el baño, una botella de whisky al costado del lavadero delante del espejo y un cenicero colmado hasta el hartazgo y en los cuadros de las paredes: tú.

Tú que fuiste el error más hermoso de su vida y que le repetías mirándola a los ojos con tus manos entre sus piernas que te encantaba verla fumar. Y ella trataba de lucir sensual, aligerando las manos toscas de largos dedos que siempre tiene frías con poco éxito poniéndose un cigarrillo tras otro en la mitad de la boca sonriente.

Yo era el personaje de alguna película de culto, las drogas, las chicas, el alcohol, Eme y los cigarrillos ocupaban mi vida ya llena de moretones. Fui feliz con ella, más de lo que cualquier cuento pueda contar. Disfruté sus lunas llenas, sus episodios maníacos y contaba los días en los que la navajita permanecía escondida en el botiquín cerrado. Toqué su cuerpo con mis manos, con mis labios, con el alma en pena y el éxtasis que las drogas sintéticas tratan de igualar y casi logran. Eme me odió, me amó al punto de odiarme y luego se fue odiándome más o quizás odiándome al fin de verdad. Escribió un poco sobre mí, tapó mi nombre de su cuerpo con el nombre de alguien más y contó sobre mí una historia diferente cada vez hasta que me olvidó por completo. 

Perder y encontrar son dos procesos demasiado fáciles.Eme sabe de sobra que hay frases que no son solamente un clché aplicable para situaciones engorrosas, sino que son marcas que el destino va dejando como para hacerse presente de vez en cuando y decir con esa voz burlona e infantil "te lo dije".




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