29.8.16

Farewell, Mister President

Escribir sobre las paredes no es dejar una huella. Me metí de lleno al negocio fallido desde su incubación de leerle las manos a otros gitanos. Tomé por familiares todas y cada una de las señales sobre él y con cada una fui creando un mar similar al de mis lágrimas, pero otra vez me equivoqué: él no es él, es arena movediza.

Una vez fui a su casa y pinté con tinta invisible en sus paredes que deje ese delirio, que yo quiero lo mismo que él y que quiero que nunca se vaya, pero no sé cuánto tiempo sea nunca. Ya era difícil decirle que no, es más difícil ahora que ni siquiera me toca.

De niña tuve un sueño: Todos los hombres del mundo estaban cada uno dentro de un auto azul, todos querían poner una mano en el timón y la otra entre mis piernas, y todos decían lo mucho que les gustaba verme fumar. Pensé que había despertado y seguí creciendo pero son días difíciles para las personas de este pueblo y algunos hacemos de las fiestas un velorio y llevamos una corona de flores en el corazón, estos pobres tontos, no pasamos por el detector de metales.

Les contaba entonces que creía estar despierta, creí que caminaba y no me hundía, creí que dejaba huellas sobre sus paredes y creí que pronto lo olvidaría. 
El punto a favor es que lo último todavía no pasa, lo que significa que aún puede pasar. Los relojes han vuelto a andar y podemos estar a tiempo.



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