21.9.16

Intenté llamarte algunas veces, ya sabes cómo funciona esto de la imaginación. Quisiera estar sentada contigo contándote todo lo que ha pasado aunque de todas maneras no te hubiese gustado. Todo lo que alguna vez dijiste se ha hecho realidad. La soledad me atormentó al punto de quebrar mis ideales y me vestí de un sabor desconocido que hace que todos siempre quieran regresar. Excepto tú.

En todos esos regresos mi vida ha dado impresionantes giros y en muchos de ellos escuché una y otra vez tu voz diciéndome cosas en un idioma que ya no entiendo. He llegado a creer que ya no soy yo y no me aterra pero no puedo dejar de pensar en lo que pensarías tú.

Quiero prepararte el té mientras recoges mis pedazos del suelo e intentas repararme diciéndome todas esas cosas en francés al oído, dibujando sus rostros solo con la idea de las historias que te cuento sobre ellos. Que me digas que mañana alguien soplará las velas de un pastel pensando en mí y que me digas que nadie merece mi dolor más que tú mismo, la única persona en este universo paralelo que jamás, jamás me haría daño y por eso no puedo amarte.

Pero aquí estoy, escribiendo otro falso testimonio que no leerás, contándote en secreto que he cambiado, que soy mejor ahora, y aguantando el llanto porque no me vas a ver. Sentada alejando pequeños demonios en el mismo lugar en el que armabas cigarrillos con papel convencional, nunca de cereza y esperando que se quiebre la noche y algún conjuro me haga reaccionar y salir volando de esta ciudad que nunca tuvo nada para ti. 

Cuando leas esto, que sepas que estoy feliz, estoy feliz y pienso en ti. 



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