13.9.16

Tenemos que aprender a reconocer cuándo ha sido suficiente. No hablo de señales, o no solo de eso. Hablo del lenguaje universal, de la comunicación de la vida. Las puertas abiertas, los semáforos en verde, las monedas escondidas debajo de las mesas.

Tú estás ahí sin saber en dónde estás, esperando solamente que yo me pierda para poder creer que ahora que no estás solo, no estás perdido. Y estaba tan cansada de andar cargando este equipaje esperando que tires los dados y veas si me buscas o no me buscas. Estaba partida en pedazos que se fueron cayendo en el camino y mientras, descubría que soy un reptil y que mis pedazos perdidos se regeneran con otros nuevos, bellos, libres. Nunca los has tocado y nunca quisiste verlos, sin embargo, sigues esperando que yo me pierda, que te acompañe a ver en dónde estás.

Quizás mañana sea otra historia, serán más de seiscientos veinticuatro horas sin tocarte y podría irme a sentar lejos de esta superación forzada solo porque la disfruto demasiado pero no sé si tanto como a ti. 



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