9.10.16

II

¿Qué va a ser de nosotros cuando no existamos más? Cuando cada uno vaya por su camino y ese camino nunca más se encuentre, al contrario, se bifurque para alejarnos a cada centímetro, como si todas aquellas veces que pensé en ti y apareciste se convirtieran ahora en pendientes que ondulan hacia un vacío que no se quiere llenar.

¿Pensarás en mí? ¿Algo te traerá el sabor de mi piel a la memoria? ¿Harás diariamente el esfuerzo para no asociarme con nada? Y si alguien te habla de mí, ¿preguntarás más o fingirás que no escuchaste? o quizás realmente no me recuerdes, quizás si alguien dice mi nombre pasará de ti como si dijeran madera o ascensor o cualquier palabra que no tenga ningún significado especial. 

Yo haré lo mismo. Me reiré si me hablan de ti, levantaré una ceja y ambos hombros y confesaré que no sé nada, que no quiero saber nada. Estaré preparada por si alguien dice tu nombre para que me sepa a madera o a ascensor o a cualquier palabra que no tenga significado especial, no guardaré en mi memoria ningún código secreto, ninguna frase inventada por y para ti, hasta que deje de recordarte y por naturaleza o por sobrevivencia realmente te haya olvidado.

Y ¿qué si ya no existimos? o mejor aún: si nunca existimos. Si todo esto es invención de mi ansiedad por escribir un poco más, poniéndole un rostro a un sentimiento de años pasados, que no eres tú y seguramente tampoco soy yo, la que escribe, la que siente, la que extraña. 

Entonces cualquier día podríamos sentarnos a tomar el té, contarnos tímidamente cosas cotidianas, rozarnos las piernas por debajo de la mesa y creer que nada va a pasar, que puedes invadir mis dibujos, mis poemas y mi casa y salir de ello sin darme la mano, diciendo adiós con frases formales desde lejos, yendo hacia otra casa en la que no te harán dibujos ni poemas ni fingirán que todo estará bien porque sin lugar a dudas, todo lo estará.






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