17.2.17

L'esprit de l'escalier

Hacia la mano derecha me encuentro tirada en el suelo caliente. Un par de botellas, muchas colillas y papeles de armar cigarrillos encima de la mesa. Todo parece la misma escena que vivo de manera repetida desde hace algunos meses. No siento mi cuerpo y a pesar de eso puedo sentir el más intenso dolor de cabeza y un calor sofocante, respiro aire caliente mezclado con humo, con olor a cuerpos de hombre que reconozco con esfuerzo. 

Tengo algo que decirme pero no sé cómo llegar a mí. Sé que he vivido esto antes, tengo que hablarme de ti, tengo que alertarme sobre ti pero una parte, la parte de mí que aún se encuentra en el piso, se resiste a despertar.

Científicamente los dejavus son solo trabajos de reconocimiento incompletos del cerebro, es una falla técnica que genera ansiedad y duda, casi como el amor o como la necesidad. Mi teoría es que vivimos muchas vidas paralelas y se cruzan por milésimas de segundo. Entonces no me cuesta entender por qué un clavo saca otro clavo y luego el segundo reemplaza otra vez al primero. En resumen, el clavo de reemplazo se reemplazará con el original, dejavu, esto ya nos pasó. Tiempo antes volviste y te recibí con flores y hoy otra vez estás volviendo, significa que te fuiste. 

Durante los últimos dos meses no probé de tus drogas y a diferencia de la vida dos años atrás, no tuve ni un segundo de abstinencia, pero como la carrera de postas para ver quién regresa más veces no se detiene, empezaron a volver los demás.

Para matar el tiempo me adueñé de un perro callejero que al inicio se meaba al verme y al final me mordió la cara y me dejó dos ojos clavados por casi cuatro horas. En este momento no tengo noción del tiempo pero ya sabes lo que dicen, muerto el perro... 

Entonces me ataca una tos ahogada tirada en el piso y parada frente a mí siento salir sangre tibia de mi fosa izquierda hacia mi labio, no debo olvidar por qué estoy aquí, tengo algo que decirme y posiblemente sea lo mismo que cuando volviste y ya no sabía cómo recibirte o cuando él me dijo que lo mejor sería no volver a vernos y yo me miraba al espejo forzándome a llorar aunque no podía parar de reír y con cada lágrima, la risa se hacía más fuerte, como el círculo vicioso de la esquizofrenia. O del amor, o la necesidad.


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