22.3.17

Temporada de feria de juegos mecánicos.

Le nacieron una serie de reacciones físicas al sencillo hecho de recordarlo. Algunas veces el cuerpo va más rápido que la mente y eso lo sabemos ambos. 
Eme escribía de noche y lloraba de día, acogía en su casa a forasteros que, aunque divididos en mil pedazos que siempre resultaban más que los de él, no eran él. A todos los llamaba por el mismo nombre y cuando se marchaban mirando hacia atrás para decir adiós con la mano, les cerraba estruendosamente la ventana, como para asegurarse que no queden brechas para ideas equivocadas.

A pesar de sus constantes crisis y cambios de ánimo, Eme se las arregló perfectamente para nunca estar sola. Odiaba la sensación del frío colándose por su espalda a las cuatro de la mañana cuando al fin las pastillas empezaban a hacer su trabajo. 

Les advertía sobre sus pesadillas y pedía que le cuenten cuentos con las luces apagadas. Algunas noches fue feliz, lo olvidó por completo durante varias horas seguidas y nunca jamás mencionó su nombre ante ninguno de ellos. 

Esa noche, sin embargo, no pudo evitar encontrarlo en todas las calles, las pistas tenían sus huellas digitales y las paredes estaban pintadas con su olor. Su voz se escuchaba en todas las alarmas de los autos diciendo que un día solo era un día si podía besarla. Entonces Eme golpeó uno de los parabrisas con ambas manos solo para darse cuenta que otra vez estaba soñando.

Despertó exaltada, no recordaba cuántas horas había dormido o cuándo fue la última vez que vio a otro ser humano, Se arrastró entre las sábanas regadas en el suelo y alcanzó como pudo su teléfono lleno de notificaciones, llamadas perdidas y mensajes de texto incomprensibles. Ninguno era de él pero eso no la sorprendía y como siempre, necesitaba algo que la despabile por completo de ese constante limbo. 


Buscó en el registro de números bloqueados el asignado como "NO" y marcó una llamada. 


Del otro lado se escuchó "tardaste mucho" con voz entrecortada. Eme sonrió y sintió el vértigo que tanto extrañaba. Otra vez la feria de juegos mecánicos, otra vez a la parte más alta del rollercoaster desde donde todo lo demás se ve tan pequeño y pasa tan rápido que solo existen los que se atreven a subir, los que pueden verla sentados a su lado.




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