8.4.17

Cuando estás aquí te veo desde mi ventana - I


Nos habíamos encontrado dos veces antes en la misma tienda comprando cigarrillos. En esa tienda nunca tienen la marca que yo fumo, entonces solo recurro a ella cuando la urgencia es demasiada y cuando eso pasa no me detengo a pensar en cómo luzco antes de bajar los tres pisos desde mi departamento y caminar seis cuadras hacia la tienda.

Nunca pensé que me miraría. No es algo sobre lo que suela dudar; quiero decir, sé que llamo la atención pero no pensé que se fijaría en mí de esa forma, posiblemente porque yo misma me sentía tan invisible que creía que lo era para todos los demás. 

Salí de la tienda y me senté en la vereda, no tenía encendedor pero no podía volver a entrar porque él seguía ahí, tampoco podía irme caminando seis cuadras sin fumar, así que decidí esperar. 
Pasó por delante mío mirándome fijamente y yo con los ojos semi cerrados lo miré de arriba a abajo esperando que entienda que el mensaje era un no te acerques, soy explosiva en estos momentos.
No lo entendió. Se sentó a mi lado y me ofreció el encendedor, no pude evitar reírme recordando que fue exactamente así como nos conocimos, él me miró sorprendido por mi cambio de ánimo y preguntó si me podía acompañar. 

Sé quién es, sé dónde vive, conozco superficialmente su rutina siendo que vivimos cerca. No es la primera vez que hago esto con un completo extraño y para ser sincera, lo último que me preocupaba era el potencial daño al que me estaba exponiendo.

Fumamos sin hablar por largo rato. Durante algunos minutos olvidé por completo que él estaba ahí, que estábamos en una vereda desolada de un barrio clase media baja en la capital y que en algún momento tendría que volver a casa y reincorporarme a la vida real.

"Nunca duermes, ¿no?" Dijo, intentando romper el hielo. Le respondí con voz entrecortada que si era por mí se podía ir. Una parte de mí esperaba que se fuera, otra estaba conforme con su compañía, necesitaba estar fuera del departamento y el sonido de los carros me ayudaba a no pensar. 

Se levantó y estiró una mano hacia mí. "Vamos al parque" dijo. Sin mirarlo puse el cigarrillo en mis labios y con ambas manos me agarré de la suya y me levanté hacia él. 

Estamos hechos de reacciones a estímulos, como esa sensación extraña en la lengua cuando te imaginas el sabor de algo con muchas ganas o cuando sabes que algo puede ir totalmente mal, como una corazonada. O lo que pasa cuando tocas a alguien y puedes sentir tu piel erizándose y tu temperatura subiendo y bajando en cuestión de instantes. Seguramente tratas de disimular, bajas la mirada o sonríes torpemente, yo no intenté nada de eso, mis pezones se notaban fuerte sobre el polo celeste con estampado de La vida moderna de Rocko, su mano se tensó en un extraño movimiento que parecía necesario para imponer distancia y logré soltarme para hacer el ademán de sacudirme el pantalón y pitar el cigarrillo. 

Caminamos pateando algunas hojas en la vereda, durante dos cigarrillos que duraron las tres cuadras hacia el parque tuve la certeza de que la vida nos viene en círculos, en acciones que se repiten cada cierto ciclo de tiempo y que "esto ya lo viví" es lo más real y lo más absurdo posible porque cada minuto de esta vida somos seres distintos.

Despertamos en su cama a las cuatro de la mañana. Tiene una alarma horrible que se repite cada cinco minutos hasta las cuatro y veinte así la apague. 

No hay ningún misterio en cómo pasaron las cosas. La caminata fue tensa y nuestros cuerpos eran torpes por el sueño y la presión, nos rozamos accidentalmente las manos y parecía que se encendían luces, sentía miedo pero necesitaba sentir algo, la elección no fue difícil. Nos sentamos en los columpios y aproveché la luz del parque para ver su rostro en un par de contrastes que me distrajeron de cualquier otro recuerdo. 

Apoyamos nuestras cabezas en las cadenas frías del columpio y un mechón de su pelo se movía con el viento y el humo de su cigarro y parecía una canción conocida, otra vez, siento un dejavu, pero necesito sentir algo, ya sabes.

Le pedí que me cuente algo. Dijo: cuando estás aquí te veo desde mi ventana. -No me gustan los romances -respondí cortante. 
"Te veo desde mi ventana y me imagino pasando mi lengua por cada uno de tus tatuajes" dijo poniéndose de pie frente a mí. 

Vamos a tu casa, dije yo.







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