27.4.17

Duermo poco para evitarte.

Todos los días a esta misma hora tengo una bandada de palomas en la cabeza que en cada aleteo me dicen que ya no estás pensando en mí. 
Que todos los días a esta misma hora en la que yo me atormento con sonidos que salen de un cuarto oscuro dentro de la casa que habito y aún no conozco, tú estás besando a alguien de reemplazo. 

El espejo tiene piedad y se rompe antes de mirarme, casualmente sucede que algo me empuja y caigo de rodillas y sangro poco y me pregunto si aún estoy viva, si aún estoy, si aún. 


He despertado de peores pesadillas pero hay un humo extraño en esta historia que baila y me envuelve y quiero cortar pero es solo humo, quiero arrancarlo de raíz pero es solo humo. 


Hice un barquito con mi receta médica y lo puse en la tina. Lo miro navegar y es sorprendente porque va contra el viento, marea abajo, triángulo de las bermudas. Es solo un barco de papel me digo y recuerdo cuando no te quería y tú me diste una flor de papel y una gran cantidad de madrugadas. Pero tú eres otro, siempre.

Y ahora parece que cumplí un año más, perdí mi cabello, rompí una promesa y dejé que se repita otra vez la misma historia, pero ahora ya no sangro. Entonces te escribo un e-mail que nunca envío y acto seguido, elimino todas mis cuentas agobiada por la cantidad de gente que me busca y no eres tú.  Increíblemente todos me sobran, pero tú no. 


Los minutos en mi ciudad pasan marchando en fila india cantando arengas de guerras perdidas. Al otro lado de mi casa hay una casa y ahí también estoy yo y me alegra saber que tú no estás. Hasta ahí llegan reptando algunos recuerdos heridos, les doy la última unción y los dejo morir. 

Escribo esto. Soy mi casa. Me calmo. Ya no sangro.

La hora pasó, todas las palomas en mi cabeza caen a la tina en forma de agua salada por mis ojos y se calma la marea. Algunas se meten en mi boca y estoy tranquila porque tengo el sabor de algo que no eres tú aunque eso signifique también que tú tienes a alguien que no soy yo.









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