4.4.17

OG Trip

No soy bonita pero no necesito serlo. Tampoco soy modesta, no soy bonita en el sentido convencional, más que belleza física tengo un animal salvaje y un culo de reina. Mi mejor amiga dice que en persona siempre se me ve mejor porque encanto. Yo pienso que avasallo, pero como ella misma dice "el fuego no sabe cómo ser de otra manera".

Eme nació 32 minutos antes que yo, desde ese momento se empezaron a marcar nuestras diferencias. Aunque somos gemelas idénticas, no nos vemos parecidas. Eme tiene una nostalgia extraña que la hace parecer siempre pálida y siempre necesitada de algo que ni ella sabe qué es. Le tiene pánico a la gente pero a pesar de eso, siempre ríe más que yo. 

Nunca nos enamoramos de la misma persona. Eme siempre está enamorada de alguien que se va y yo siempre estoy escapando de todos los que se enamoran de mí. Sin embargo el mejor momento de nuestras vidas lo vivimos los tres juntos la primavera del 2008. 

Todas las historias aunque sean de ficción tienen un porcentaje de realidad, alguien lo vivió, alguien lo sintió, en algún lugar del mundo, alguien. Nuestra historia tiene tres versiones, no porque sea falsa, sino porque cada uno la recuerda tal como la vivió.

Alonso nos amó a las dos desde primera vez que nos vio. Nuestros bisabuelos fueron amigos de la infancia y todos crecimos como una sola familia, con la muerte de ellos nos fuimos desligando hasta extinguir totalmente las relaciones. 

Eme siempre parecía necesitar algo y Alonso siempre parecía estar dispuesto a contentarla. Alejandro, nuestro hermano mayor los dibujaba a diario y yo tenía tantos celos de no aparecer nunca en sus cuadros ni en sus juegos que una tarde le prendí fuego al archivo completo de Alejandro. Él supo por qué lo hice, es hasta ahora la única persona que puede leerme, dice que soy su némesis, que leer mi mente es su peor castigo, parece que estoy más unida a él que a Eme. 

La primavera del 2008 después de la muerte del abuelo de Alonso nos mudamos los tres a un departamento en el tercer piso de la urbanización Neptuno en Surco que el abuelo le había heredado. Éramos jóvenes y estábamos desesperados por encontrar algo sobre lo que podamos escribir nuestra gran obra, cada uno por su lado, pero nos inspirábamos en nuestras propias noches de alcohol y autodestrucción. 

Cruzábamos los semáforos en rojo, bebíamos botellas enteras de ron diariamente, no dormíamos ni una hora entre los tres, coleccionábamos colillas de marlboro rojo y jugábamos a enamorarnos de todos, incluso de nosotros mismos.

Era un juego terriblemente peligroso, a veces nos cruzábamos en los pasadizos del departamento con personas que la semana anterior durmieron con otro de nosotros. Nos contábamos con lujo de detalles todo el acto buscando la ira en nuestros ojos, sin más que ese morbo, relatábamos cada característica, cada sabor, nos reíamos repitiendo las frases que les decíamos en el momento del clímax. 

Yo narraba cómo les hacía rogarme que los deje terminar en mí, Alonso anotaba mis gestos de desprecio mientras los calificaba de débiles, se detenía con mis conversaciones telefónicas para escuchar con sus propios oídos todas las excusas y ruegos que me hacían. Yo siempre sabía qué decir pero durante las noches que pasábamos solos, Alonso nos sugería frases y acciones que resultaban siempre en el éxito total de su plan. 

Eme contaba que le dibujaban palabras en la espalda con saliva y cenizas, que le leían poemas de Pizarnik y lloraban abrazados a su espalda mirando el amanecer. A ella le dolía más, pocos meses antes de esto tuvimos que sacarla de su antiguo departamento en el que se había destrozado las uñas arrancando los tapices de las paredes para sacar el perfume del hombre al que ella se sentía pertenencer. Muchas noches en las que Eme no resistía la cantidad extravagante de tramadoles que tomábamos mezcladas con ron, se le escuchaba llorar por él, rogarle en un idioma extraño que no la deje. Nadie lo conocía, pero Eme estaba hasta el cuello de él, o más arriba

Alonso creó dos monstruos, había logrado cierta popularidad en su blog escribiendo sobre nosotras y subiendo nuestras fotos semi desnudas, hartas de ron y cocaína, Eme aparecía con los brazos cortados en un par de fotos con las que finalmente después de algunas advertencias, le dieron de baja al blog. 

Papá recibió las fotos, probablemente de parte de algún amante despechado de Eme, la encontraron una tarde en un parque de San Miguel después de buscarla dos días seguidos, tenía los dedos amarillos de tanto fumar y ramitas en el pelo por haber pasado ambas noches en un jardín. La internaron pesando casi cuarenta kilos y Alonso viajó sin dar aviso y sin despedirse. 

Todos los recuerdos de lo vivido aparecen a veces en formas de nuevos cuerpos y repito las frases que Alonso me enseñó, algunas veces juego a ser Eme y extraño que un habitante desconocido escriba con las yemas de sus dedos en mi espalda y cuando eso pasa, me desconozco tanto que tengo miedo. 

El teléfono suena, es Alejandro.







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