2.5.17

Chinito:

Esta mañana he despertado triste, pensativa, con nostalgia de ti. Ni bien he abierto los ojos he visto tu imagen. Pero no eras tú, era un fantasma que he inventado para conversar todas las noches antes de dormir y que tiene tu voz y tu risa, lo más importante de ti. Tu voz es un conjunto de imágenes maravillosas, de colores que inventaron un nuevo color y este dibuja un puente que me lleva a tus ideas. Y tus ideas, dices que no te callas nada, que dices todo lo que piensas pero no lo creo y ahora que estás lejos siento celos de todos los que te escuchan y de todo lo que no dices que no puedo imaginar porque no te puedo ver. Tu risa es otra historia. Interrumpe tus palabras entre tus dientes y escapa como un viento suave y dulce, controlada siempre, siempre unísona, moviendo los hilos de tu barba como la vela de un barco conquistador. Cómo se ponen tus ojitos cuando ríes, chinito. Seguro que allá todas juran morir de amor por ti pero seguro que ninguna te escribe todas las noches una carta o una canción o un verso. Seguro que ninguna se inventó un dios solo para poder rezar por ti y por seguro, mi chinito, nadie te va a besar como yo.
Aquí a veces huele a jazmín, trato de ocupar mi tiempo y hacer cosas productivas y es esa productividad a la que nos obligan la que me hace sentir inservible y miserable. Hace días lloraba en el metro y un muchacho se acercó y me dijo que uno llora para consolarse a sí mismo, que yo no me veía como una mujer a la que le puedan romper el corazón. Ahí no más se bajó y nos quedamos mirando, él en la estación y yo arriba del carro que parecía que se había grabado esas palabras y las repetía estruendoso.
¿Tú qué crees, chinito: hace más frío ahora que en el año pasado? En ese tiempo podíamos acurrucarnos en la cama a enredar nuestras piernas, eso no era frío, ¿no? Era un hada madrina, una celestina que me premiaba contigo por todo el mal que me hicieron antes. Estoy cansada, chinito. Cada vez que pienso en ti pierdo una apuesta conmigo misma. Lo bueno es que tengo una ruma de poemas y en los días en los que todo repite tu nombre, ellos me dejan dormir encima de sus letras para no sentir que ya no tengo nada. 
¿Es más joven? Más bonita no creo y tampoco creo que te pueda querer más pero quién sabe lo que tú quieres. En tu última carta hasta parecía que escuchaba su voz, la escuchaba riéndose contigo de mí. Esa noche reuní todas mis fuerzas y me dispuse a viajar a donde estabas, en el camino me distraje y terminé en una cama tan ajena como acogedora y no creas que te escribo esto para que sientas celos porque sé de sobra que no sientes nada, que eres como una pared, una piedra, un pedazo de madera. Cualquier objeto inanimado siente más que tú, te maldigo y luego lloro. 
¿Qué te da que no te di yo? Te hice pasteles, galletitas, cuidaba que tomes agua y te pongas medias en las noches, te cantaba para que duermas y te despertaba haciéndote el amor, toda mi ropa era nueva para ti y perfumaba mi cabello y mi aliento antes de verte. 
Mira chinito, uno de estos días me voy a olvidar por completo de ti solo que aún no sé cuándo, por ahora escribo con una mano y con la otra sujeto mi corazón tan raro y tan torpe, tan ciego el pobre, tan tuyo.
Le doy besos al viento creyendo que te los va a hacer llegar, creyendo que los vas a sentir, qué gran pérdida de tiempo, ¿no? Esto va a pasar hasta que alguien se cruce entre nosotros y me robe esos besos o hasta que me digas con todas sus letras que deje de hacerlo, lo que pase primero.
Espero que al menos respondas esta carta y mis preguntas. También espero que si aún me quieres no puedas volver a tenerme nunca; porque si no me quieres, no existiré más.


No me pongas tanta sal en las heridas, chinito.

Eme.

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