1.6.17

01 de junio.

¿Cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Me traicionó, me negó, transformé su agua en vino y le escupió encima, me entregó al enemigo por unas cuantas monedas, latigó mi espalda, clavó un puñal en mi costado, pateó a mi madre y me enterró viva. A los tres días volvió y renegó por encontrarme casi muerta. ¿Setenta veces siete? 

Una vez besó desde afuera una ventana mientras me miraba y yo a metros de distancia sentí el calor de sus labios, corrí a buscarlo y ya no estaba pero había dejado su nombre en el pasamanos, grabado con la misma navaja con la que me acorraló exigiendo mi silencio, ahí también lo perdoné. 

Puse la otra mejilla por cocaína y compañía, resucité a su hermano muerto lamiendo sus heridas, multipliqué sus panes y se los di en las mañanas de resaca untados de necesidad y de pena. 

El apóstol más rebelde del rebaño tiene un nuevo sol sobre su espalda y sigue bello, le siguen lloviendo pétalos de flores de mujeres que creen que sus facciones dibujadas son sinónimo de bondad, que sus manos suaves no podrían nunca ahorcar, casi matar. Ingenuas todas y yo la peor de todas


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